Hay una frase que escuchamos muchísimas veces en nuestra escuela de arte: “Es que yo no sé dibujar”.
Cuando hablamos de aprender a  dibujar, muchas veces pensamos que hay niños que nacen con talento y niños que simplemente no lo tienen. Pero después de tantos años trabajando con alumnos de diferentes edades, en Escuela Trampantojo tenemos algo muy claro: dibujar es una habilidad que se aprende, se practica y se desarrolla.
También escuchamos lo contrario: “Tiene muchísimo talento para dibujar”.
Y seguramente ambas afirmaciones parten de la misma idea: que saber dibujar es una especie de don. Algo que se tiene o no se tiene. Nosotros no lo creemos.
Por supuesto que hay personas con una facilidad natural mayor. Pero dibujar también se aprende. Y se aprende muchísimo.
Tener facilidad no es lo mismo que saber dibujar. Hay niños que desde muy pequeños muestran una habilidad especial para observar formas, controlar el lápiz o representar aquello que tienen delante. Claro que existen esas diferencias.
Pero la facilidad inicial solamente es un punto de partida. Aprender dibujo implica adquirir conocimientos: proporción, composición, perspectiva, volumen, luz, sombra, color… Y todo eso puede enseñarse.
Por eso preferimos no clasificar demasiado pronto a los niños entre los que “saben dibujar” y los que “no saben”.
Porque un niño que hoy encuentra dificultades puede sorprendernos enormemente después de un tiempo de aprendizaje y práctica.

Dibujar es aprender a mirar

Quizá esta sea una de las cosas más importantes que enseñamos cuando damos clases de dibujo a niños y adolescentes.
Muchas veces el problema no está en la mano. Está en la mirada. Tenemos una idea preconcebida de cómo es un ojo, una nariz, una mano o un árbol y tendemos a dibujar esa idea en lugar de observar lo que realmente tenemos delante.

Aprender a dibujar implica detenerse.

Mirar proporciones. Comparar tamaños. Descubrir dónde aparece una sombra. Entender por qué algo que está más lejos parece más pequeño. Con el tiempo ocurre algo curioso: no solamente aprendemos a dibujar mejor; aprendemos a observar mejor.

“No me sale” también forma parte de aprender

En Escuela Trampantojo escuchamos esta frase unas cuantas veces cada semana. Y está bien.
Porque hay cosas que no salen a la primera. Aprender una técnica nueva puede resultar frustrante. Un dibujo puede no parecerse a aquello que imaginábamos. Podemos borrar cinco veces una misma línea.
Nuestro trabajo como profesores no consiste siempre en resolverlo por ellos. A veces consiste en ayudarles a descubrir qué está ocurriendo, ofrecerles una herramienta y animarlos a volver a intentarlo. Porque cuando finalmente consiguen resolver aquello que parecía imposible, el aprendizaje es muchísimo mayor.

Compararse con los demás no nos cuenta toda la historia

Esto empieza a ser especialmente importante cuando los niños crecen. En un mismo grupo podemos tener alumnos con experiencias, ritmos y habilidades completamente diferentes. Comparar constantemente el trabajo de uno con el del compañero puede hacer que olvidemos algo fundamental: el progreso debería medirse también respecto a uno mismo.
Nos gusta muchísimo recuperar trabajos antiguos y comprobar cuánto ha evolucionado un alumno. A veces ellos mismos se sorprenden. Y ese momento vale mucho más que decidir quién del grupo “dibuja mejor”.

Técnica y creatividad pueden —y deben— convivir

Enseñar técnica no significa conseguir que todos dibujen igual. Es precisamente lo contrario. Cuantas más herramientas conoce un alumno, más posibilidades tiene para elegir cómo quiere expresarse.
Puede aprender perspectiva y después decidir romperla. Puede conocer perfectamente las proporciones de un rostro y después deformarlas. Pero entonces lo estará haciendo desde el conocimiento y no simplemente porque no sabe cómo hacerlo.
La técnica amplía las posibilidades de la creatividad. No debería limitarla.
Así entendemos el aprendizaje del dibujo en Escuela Trampantojo
En nuestras clases de dibujo y pintura en Alcobendas y Las Tablas trabajamos respetando el nivel y el ritmo de cada alumno.
Hay momentos para aprender técnica, otros para experimentar y otros en los que ambas cosas se encuentran.
No esperamos que todos avancen exactamente de la misma manera ni buscamos que todos terminen haciendo el mismo dibujo.
Nos interesa el proceso.
Nos interesa ver cómo aquel alumno que decía “yo no puedo hacer esto” un día deja de decirlo. Porque cuando trabajamos con niños y adolescentes intentamos recordar siempre algo: El punto en el que están hoy no determina hasta dónde pueden llegar mañana.
Por eso, quizá, cuando un niño muestra interés por el dibujo, la pregunta no debería ser:
“¿Tiene talento?”
Quizá deberíamos preguntarnos:
“¿Qué podría llegar a hacer si le enseñamos?”