Teoría del color para niños: aprender a mirar el color antes de empezar a pintar

Esta semana en Trampantojo hemos comenzado el curso hablando de algo que va a acompañarnos prácticamente en cada trabajo que hagamos durante los próximos meses: el color.

Con nuestros alumnos más pequeños estamos construyendo el círculo cromático y, en la siguiente clase, descubriremos qué ocurre cuando colocamos juntos los colores complementarios.

Puede parecer un comienzo muy teórico para una escuela en la que venimos a dibujar, pintar y crear.

Pero tiene una razón.

Antes de empezar a utilizar el color libremente, queremos que nuestros alumnos entiendan algunas de sus reglas. Porque aprenderlas no limita la creatividad. Todo lo contrario: nos da muchas más herramientas para utilizarla.

¿Qué es la teoría del color?

Cuando hablamos de teoría del color para niños no pretendemos dar una clase llena de conceptos que tengan que memorizar.

Queremos que lo descubran haciendo.

Partimos de los colores primarios y comenzamos a mezclarlos. ¿Qué ocurre si mezclamos amarillo y azul? ¿Y rojo y amarillo? ¿Podemos conseguir un verde diferente? ¿Qué pasa si cambiamos las proporciones?

Poco a poco empiezan a entender que los colores no son elementos aislados.

Se relacionan, se transforman y se afectan unos a otros.

Y para poder verlo de una manera muy sencilla utilizamos una de las herramientas fundamentales del aprendizaje artístico: el círculo cromático.

El círculo cromático: entender de dónde vienen los colores

Para un adulto, diferenciar colores primarios, secundarios y terciarios puede parecer algo muy básico.

Para un niño que está empezando a descubrir la pintura es casi como aprender un nuevo idioma.

El círculo cromático les permite comprender visualmente cómo se relacionan los colores y, sobre todo, empezar a descubrir que pueden crear sus propios colores.

Y ahí ocurre algo que nos encanta observar en clase.

Dejan de pensar únicamente en “necesito un verde” y empiezan a preguntarse “¿qué verde quiero?”.

Porque no hay uno.

Hay muchísimos.

Pueden añadir más amarillo, más azul, aclararlo, oscurecerlo, hacerlo más cálido o más frío.

De repente, una pequeña mezcla de pintura se convierte en una decisión.

Y esa capacidad para elegir será fundamental cuando más adelante tengan que utilizar el color dentro de sus propios trabajos.

¿Y qué son los colores complementarios?

Después de comprender cómo se organiza el círculo cromático damos un paso más: empezamos a observar qué ocurre entre los colores que se encuentran enfrentados en él.

Rojo y verde.
Azul y naranja.
Amarillo y violeta.

Son los llamados colores complementarios.

Cuando aparecen juntos generan un contraste especialmente intenso. Un color hace que el otro parezca más vivo, más luminoso, más presente.

Pero no queremos que nuestros alumnos simplemente aprendan de memoria cuáles son las parejas de colores complementarios.

Queremos que lo vean.

Que hagan la prueba.

Que coloquen un mismo color sobre diferentes fondos y descubran que nuestros ojos no lo perciben exactamente igual.

Porque hay determinados conceptos artísticos que se comprenden muchísimo mejor experimentándolos que escuchando una explicación.

Aprender color también es aprender a observar

Cuando los niños empiezan a comprender estas relaciones ocurre algo muy interesante.

Empiezan a mirar de otra manera.

Pueden descubrir que un artista ha utilizado determinados colores para conseguir que una figura destaque. Que un paisaje transmite una sensación completamente diferente dependiendo de la paleta elegida. O que dos colores que parecían imposibles juntos funcionan perfectamente.

El color deja poco a poco de ser simplemente una elección del tipo “este me gusta”.

Empieza a convertirse en una herramienta.

Y eso es precisamente lo que buscamos.

Primero las herramientas. Después, todas las posibilidades.

Hay algo que forma parte de nuestra manera de entender la educación artística infantil.

Fomentar la creatividad no significa simplemente colocar materiales encima de una mesa y dejar que cada niño haga lo que quiera.

También tenemos que enseñar.

Enseñarles cómo funcionan los materiales, cómo mezclar colores, cómo observar, cómo dibujar y cómo utilizar diferentes recursos artísticos.

Después serán ellos quienes decidan qué hacer con todo eso.

Por eso estas primeras clases son, de alguna manera, nuestra preparación para el viaje que estamos a punto de comenzar este curso en Trampantojo.

Antes de conocer nuevos artistas, países, obras y maneras de crear, estamos preparando nuestro equipaje.

Y dentro de esa maleta hay una herramienta que vamos a necesitar muchísimas veces:

aprender a entender el color para poder utilizarlo después con libertad.

Porque para nosotros enseñar arte no consiste en decirle a un niño qué color debe utilizar.

Consiste en darle las herramientas necesarias para que pueda decidirlo él.