Hay algo que observamos con mucha frecuencia en nuestras clases y que nos hace reflexionar sobre la relación entre el arte y la autoestima en la adolescencia: cómo cambia la manera de crear de nuestros alumnos a medida que van creciendo. adolescencia.
Cuando son pequeños crean con bastante libertad. Dibujan, prueban, inventan y generalmente no necesitan demasiadas explicaciones para lanzarse.
Después empiezan a crecer.
Y aparece una mirada mucho más crítica sobre aquello que hacen.
No me gusta.
No me ha quedado bien.
El suyo está mejor.
Yo no sé hacer eso.
La adolescencia es una etapa en la que la opinión de los demás adquiere muchísimo peso y en la que empezamos a construir nuestra propia identidad.
Y en medio de todo ese proceso, el arte puede ofrecer algo especialmente valioso: un espacio para hacer algo propio.
Cuando empezamos a juzgar todo lo que hacemos
A medida que crecemos somos mucho más conscientes del resultado. Un niño pequeño puede terminar un dibujo y estar absolutamente encantado con él. Un adolescente puede realizar un trabajo técnicamente fantástico y seguir encontrándole veinte defectos.
Además aparece inevitablemente la comparación. Con los compañeros. Con artistas que admiran. Con imágenes que encuentran en redes sociales. Y muchas veces comparan su propio proceso de aprendizaje con el resultado final de alguien que lleva años trabajando.
Es una comparación difícil de ganar.
Aprender algo y comprobar que avanzamos genera confianza
Una de las cosas más bonitas de enseñar arte a adolescentes es observar su evolución.
Un dibujo que parecía imposible empieza a salir.
Una técnica que al principio resultaba frustrante comienza a tener sentido.
Un alumno descubre que es especialmente bueno trabajando el color, otro encuentra su lugar en la ilustración y otro se enamora del retrato.
No hace falta decir constantemente “qué bonito” para ayudar a construir confianza. A veces resulta mucho más valioso que el propio alumno pueda mirar su trabajo y pensar: “Esto antes no sabía hacerlo.”
La autoestima no consiste en pensar que todo lo hacemos bien
Este punto nos parece especialmente importante.
Fomentar la autoestima en la adolescencia no significa evitar cualquier dificultad ni decir que todo está perfecto.
En una clase de arte hay correcciones. Hay cosas que técnicamente pueden mejorarse. Hay dibujos que no funcionan como esperábamos. Hay que borrar, repetir, practicar y algunas veces empezar otra vez.
Pero podemos aprender a recibir una corrección sin sentir que eso significa que “no valemos”.
Separar “esto todavía no me sale” de “yo no soy capaz” es un aprendizaje enorme. Dentro y fuera del arte. Crear permite empezar a descubrir quién eres
Durante la adolescencia empiezan a aparecer gustos mucho más definidos
Hay alumnos que quieren dibujar determinados personajes. Otros comienzan a interesarse por el retrato, la moda, la arquitectura, el manga, la pintura, la ilustración o el diseño.
Empiezan a buscar referentes. A probar estilos. A decidir qué les interesa y qué no.
Por eso creemos que las clases de arte para adolescentes necesitan dejar espacio para la individualidad.
No queremos únicamente enseñarles a ejecutar correctamente una técnica. Queremos que poco a poco descubran qué quieren hacer con ella.
Encontrar personas con tus mismos intereses también importa
Hay otra parte de nuestras clases juveniles que para nosotros tiene muchísimo valor y que no ocurre sobre el papel: El grupo.
Durante la adolescencia puede ser especialmente importante encontrar personas con las que compartimos intereses.
En una escuela de arte se encuentran chicos y chicas que disfrutan dibujando, pintando, inventando personajes o hablando de artistas e ilustradores.
Algo que quizá en otros lugares sienten como una afición muy personal, allí es completamente normal. Se observan unos a otros, comparten referencias, se enseñan trabajos y aprenden juntos. Y poco a poco se crea un espacio al que sienten que pertenecen. Un lugar en el que no todos tienen que hacer lo mismo.
En nuestros grupos juveniles de Escuela de Arte Trampantojo, en Alcobendas y Las Tablas, intentamos que la enseñanza sea cada vez más individualizada a medida que los alumnos crecen. Les enseñamos técnica, corregimos, proponemos retos y ampliamos sus recursos. Pero también escuchamos. Porque un adolescente empieza a tener intereses artísticos propios y creemos que nuestra labor consiste también en ayudarle a desarrollarlos.
Queremos ayudar a que cada uno encuentre aquello que le interesa, mejore técnicamente y vaya construyendo una voz propia.
Quizá nunca se dedique profesionalmente al arte.
Eso no importa.
Lo importante es todo lo que habrá aprendido durante el camino: observar, perseverar, aceptar una corrección, superar una dificultad, defender una idea y descubrir que es capaz de hacer cosas que antes parecían imposibles.
Y quizá por eso el arte puede tener un lugar tan especial durante la adolescencia.
Porque mientras están aprendiendo a dibujar, pintar y crear, también están haciendo algo mucho más importante: están empezando a descubrir quiénes son.